El tiempo


A lo largo de la historia ha cambiado una de las cuestiones claves tánto para la filosofía y las ciencias socials como para las ciencias naturales, en especial la física. Es esta la relación y la comprensión que tenemos del tiempo y la temporalidad. Desde los primeros intentos de definir el tiempo y describir sus características se ha procedido en la actualidad hacia explicación del mundo en el cuál el tiempo deja de ser un objeto y adquiere la funcción de medir las relaciones entre los elementos de este. El fenómeno de la temporalidad se estudia, por lo tanto, en la física actual desde el concepto del “acontecimiento” o “evento” en el cuál el tiempo se ha convertido en un reloj, o lo que también se conoce con el concepto “observador”1.
Pero con esto no se han agotado las diversas dificultades que la cuestión de la temporalidad conlleva. Mientras los físicos tienden a desarollar la idea del tiempo desde la objetividad más abstracta posible y en ocasiones trabajan en teorías del universo que prescinden por completo del tiempo, los científicos más arraigados en las humanidades se quedan insatisfechos ante la cuestión del cambio en sí. Porque la historia de la ciencia nos enseña que es posible hacer todo tipo de relaciones, pero no cualquier tipo. Independientemente si seguimos el antíguo debate sobre la posible sustancialidad del tiempo o preferimos definirlo en términos funcionales, queda por definir el punto de referencia. Aunque es posible decir que el sol sirva de reloj para medir los que tarda la tierra en volverse alrededor de si misma, por ejemplo, no es el sol que mide, ni ningún artefacto de medición que se haya posicionado. Siempre prescindimos de una ente sujetiva que muestra interés en percibir el cambio, en discernir diferencias, es decir en tomar medida. La idea de la objetividad absoluta del tiempo en algunas de las descripciones físicas actuales, tiene sin embargo un valor práctico a la hora de resolver ciertas cuestiones técnicas, pero no responde a la pregunta de su relevancia.

La definicón contemporánea

Actualmente prevalece un modelo del universo que entiende el tiempo como un reloj, también llamado observador. Esto tiene la gran ventaja de ser aplicable tanto a la física cuántica como a la teoría de la relatividad y ofrece alos físicos de hoy una mayor posibilidad de confirmar de forma empírica una teoría unificada de estas dos. Este modelo, no obstante deja algunas preguntas abiertas que también tienen relevancia para las humanidades.

Irreversibilidad del tiempo e identidad

Aunque todos los modelos físicos se basan en la irreversibilidad del tiempo, la física no puede explicar porqué esto es así. Una de las explicaciones es la finitud del propio observador. Un problema similar encuentran los modelos formales, como el de Kim, cuándo intentan de explicar la condición de “identidad”2.

El “reloj interno”

Otro concepto interesante es él del “reloj interno” que los físicos creen haber encontrado por ejemplo en los electrones. ¿Si el reloj es un medidor para medir relaciones entre elementos, qué mide este “reloj interno”, interno a qué estaría y dónde debería buscarse el observador, es decir el “punto de referencia” en este caso?

Causalidad en un universo cuatro-dimensional

Desde la teoría de la relatividad se ha puesto de moda de describir el espacio-tiempo como un espacio cuatro dimensional, conocido como el diagrama Penrose-Carter, en el cuál tres dimensiones son las conocidas del espacio y la cuarta el tiempo. El concepto de la causalidad se explica con dos subcategoría, la causalidad temporal y la causalidad espacial. La primera es válida para todos los observadores y ocurre através del fenómeno de la “transmisión”. Curiosamente la segunda, la causalidad espacial que se podría describir como sincronicidad, depende del observador3.


Finalidad y eternidad

Mientras la teoría cuántica comprende el tiempo como algo eterno, la relatividad tiende a eliminar el tiempo del todo. Ambas ideas se contraponen a la supuesta finitud del observador.

Finitud como fenómeno de la sujetividad

La filosofía ha intentado de encontrar una solución a la finitud desde el concepto del sujeto o la sujetividad.
Kant nos enseña que el tiempo es un objeto ideal. Esto quiere decir que no existe como objeto empírico ‘ahí fuera’ en el mundo sino es una funcción imprescindible y fundamental de cualquier pensamiento lógico-abstraco, sea matemático, físico o metafísico. Esto lo llama una “forma a priori” (Pure Reason A32/B48). Son estas ideas de primera filosofía que entran luego de forma conciente o inconciente al pensamiento cotidiano, especialmente a través de la lengua. Como tal la idea del tiempo informa toda actividad humana.
Para decir algo inteligible sobre el tiempo es preciso definir todo un marco teórico incluyéndo todos los conceptos relacionados. En momentos puntuales puede ser suficiente tratar el tiempo de forma puramente “objetiva”. Pero esto no debe incitarnos a pensar que no dependemos de ideas metafísicas. La definición que se elige para el tiempo está directamente ligada a nuestra concepción de conceptos metafísicos como la personalidad, de la sujetividad o de la mente. (Schneider, 2005) .

Acción

Acción concluida, y potencial de acción (kronos)

En la experiencia humana se vive el tiempo a menudo de forma linear, especialmente cuándo se piensa desde la acción. La acción concluida, se convierta así en “lo pasado” y espacio dónde una potencial acción es evaluada e imaginada como agente de cambio para futuros acontecimientos, simboliza el futuro. Esta idea se basa en la funcción de la memoria semántica que almacena series de acontecimientos pasados de forma linear y proyecta esta linea hacia “adelante”, creándo así el concepto cronológico del tiempo.

Finalidad e finitud (kairós)

La acción, frente al mero comportamiento, implica una finalidad (Schütz, 1967) . De la experiencia que no todas las acciones llevan a los objetivos a los objetivos deseados nace, por un lado, la idea de la elección entre opciones (a menudo imagindo de forma espacial), y, por otro lado, la idea del momento adecuado para actuar, el kairós.

Medición y significado (khôra)

Klein entiende khôra como una funcción de referencia para medir intervalos. No mide en el sentido de delimitar sino creativamente produciendo el potencial para actuar espontáneamente, como un punto de salida (ref??). Es Julia Kristeva quién habla de la “actividad semiotica emancipatoria” e introduce la palabra como primer acto creativo e imaginario (Kristeva, 1984) . Es la asignación de sentido, según Kristeva, lo cual crea esta posibilidad que menciona Klein. Únicamente lo que tiene sentido es retenido en la memoria y puede ser contrastado contra un tiempo cronológico o histórico. Khôra como tal es parte de la memoria procedural. Este punto de referencia es la demarcación de lo que es y so extrapolación a dóne podría estar...

Objetividad (aión)

Uno de los misterios más grandes del tiempo nos ofrece la misma actividad científica en sí. La supuesta objetividad en la que se basa toda metodología científica, requier algunas estructuras.
El mundo como sonido y rítmo, así se nos presenta como aión, un mundo estructurado frente al hipótetico cáos. El alemán conoce este concepto como Zeitalter y sánscrito se habla de kalpa. No son exáctamente sinónimos, pero tienen una calidad en común. Aunque se suele traducir como “eternidad” no es esta eternidad metafísica del “más allá” sino concretamente el tiempo de la realidad material (Honkanen, 2007) . Nace de la capacidad humana de detectar estructuras en lo que objetivamente podría considerarse como un cáos. Es esta capacidad con la que “conquista” el mundo y expande su actividad cada vez más. Aplicado al modelo del acontecimiento, aión es este tiempo en el cual el acontecimiento tiene lugar, relacionado a la condición de causación y existencia,el “tejido” del cual está hecho el mundo. 

 

Sincronicidad

Alfred Schutz basa toda su teoría del “mundo social” y la idea de h”envejecer juntos” (Schütz, 1967) en la sincronicidad que experimentan los músicos cuando tocan en un grupo. Schutz encuentra la explicación en una interacción compleja
Carl Gustav Jung también se paró en el tema de la sincronicidad. Su interés no era tanto explicar un fenómeno social sino la capacidad de sincronizarse con un reloj externo, sea del mundo objetivo o dado por otra persona.
Bennett, J. F. (1988). Events and Their Names (p. 243). Hackett Publishing. Retrieved from http://books.google.com/books?id=yEvCzH8lTZsC&pgis=1
Brand, M. (1976). Particulars, Events, and Actions. In W. Brand, Myles; Douglas (Ed.), Action Theory (pp. 133–158). Springer. Retrieved from http://books.google.com/books?id=eedJ0vx4MqIC&pgis=1
Brand, M. (1977). Identity Conditions for Events. American Philosophical Quarterly, 14(4), 329–337. Retrieved from http://www.jstor.org/discover/10.2307/20009685?uid=3737952&uid=2&uid=4&sid=21102701859023
Davidson, D. (2001). Essays on Actions and Events (Second Edi., p. 324). Oxford: Claredon Press.
Honkanen, K. (2007). Aion, Kronos and Kairos: On Judith Butler’s Temporality. SQS, 01, 3–14. Retrieved from http://www.helsinki.fi/jarj/sqs/sqs1_07/sqs12007honkanen.pdf
Kim, J. (1993). Supervenience and Mind: Selected Philosophical Essays (Vol. 1993, p. 377). Cambridge University Press. Retrieved from http://books.google.com/books?id=0iQAqQLd0AgC&pgis=1
Kristeva, J. (1984). Revolution in Poetic Language. New York: Columbia University Press.
Schneider, S. (2005). Events. Internet Encyclopedia of Philosophy. Retrieved from http://www.iep.utm.edu/events/
Schütz, A. (1967). The Phenomenology of the Social World (p. 255). United States: Northwestern University Press.


1 Kim, por ejemplo, desarolla una “teoría de eventos” en la cuál el tiempo aparece como elemento en una funcción con la que se puede localizar cualquier acontecimiento en el espacio-tiempo (Kim, 1993, p. 35).
2 Esto es uno de los puntos que critica Myles Brand cuando reclama que Kim no haya incluido un elemento constitutivo para el acontecimiento (Bennett, 1988, p. 119; Brand, 1976,p.144, 1977).

3 Donald Davidson (Davidson, 2001, 177) señala que debe haber algún tipo de actividad de demarcación entre el aquí y el allá. El mero hecho que la tierra viaja alrededor del sol no la pone en una relación, sino el hecho de asignar a esta relación un significado.